El valor de amar lo que se hace

Este es un escrito simple. Para las cosas simples.
Escrito por personas que creen, con la certeza que solo da el barro entre las manos, que la belleza más profunda nace de hacer con amor aquello que nos corresponde hacer.

Esta semana, en una de esas conversaciones que aparecen sin agenda, sin presentación y casi sin buscarse, en Home Poetry hablamos de algo que pocas veces se nombra en voz alta: la felicidad.

Nos dimos cuenta de que, para nosotros, la felicidad casi siempre habita en lo pequeño.

Para Sara, basta abrir la puerta de La Casa Rosada y recibir una sonrisa.
Para Aleja, escribir con lápiz cerámico las palabras “mamá, te amo” —de parte de una hija como regalo para su madre— es uno de esos instantes que permanecen.
Para Saris, acompañar una experiencia de Kintsugi en el cierre de un club de lectura, mientras las personas se permiten hablar de sus fracturas y escuchar las de otros, es recordar por qué este trabajo existe.

Son momentos aparentemente simples, pero cada uno de ellos nos hace sentir como las personas más ricas del mundo.

El año pasado vivimos uno de esos aprendizajes que dejan huella. Durante casi dos semanas preparamos Alma de Barro, un evento para Buk en alianza con Justo Medio. Juntos creamos Cómo moldear equipos de trabajo, una experiencia en la que el barro se convirtió en maestro de flexibilidad, resiliencia y neuroplasticidad.
Fuimos a compartir, sí, pero terminamos aprendiendo tanto como quienes llegaron a vivirla.

Con el tiempo hemos descubierto que aquello que sentimos también encuentra eco en la evidencia: cuando los espacios de trabajo son más humanos, las personas son más felices, y esa felicidad se traduce en bienestar, creatividad y también en impacto real.

Nosotros lo hemos vivido en carne propia.

En casi diez años, Home Poetry ha sido un camino de mucha cohesión y también de mucho desorden. De trabajo en equipo y también de conversaciones improvisadas en el pasillo. De ideas que se desbordan y, a veces, de foco que se pierde.
 Pero ha sido precisamente ese recorrido el que nos ha enseñado a encontrar equilibrio: entre la rigidez y la flexibilidad, entre el exceso de cuidado y el amor que libera, entre la búsqueda de perfección y el permiso de equivocarnos.
Hoy queremos compartir esto con ustedes, querida comunidad, porque ustedes también son parte de este tejido.

Cada persona que ha cruzado la puerta de La Casa Rosada, cada cliente que nos ha elegido para llenar de significado un regalo, cada taller compartido, cada historia pintada sobre barro o escrita con pincel: todo eso también nos constituye.

 

Nos hemos equivocado.
No siempre llegamos a tiempo.
No siempre un diseño alcanzó la expectativa soñada.

Y, sin embargo, amamos profundamente lo que hacemos.

Por eso seguiremos aquí, mientras este camino nos lo permita, aprendiendo con ustedes a valorar cada día más aquello que construimos: en nuestra casa, con nuestros hijos, con nuestros equipos y con la humanidad que nos rodea.

Porque hacer con amor no es un método.
Es una manera de habitar el mundo.

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